• Juanse Ruales

Personaje, por Joce Deux

Personaje: Persona:

Máscara


El personaje es un terreno con muchas certezas, pero al fin, baldío para la creación y por eso infinito.


Desde el guion (de mano de manuales reduccionistas), se considera que para trabajar un personaje se debe explorar la sicología. Los rasgos sociales y fisonómicos dan como resultado el rasgo sicológico, que también tiene atisbos de conducta, carácter, heridas internas y cicatrices externas que edifican una metodología para crearlos.


Sin embargo, Lucrecia Martel menciona que prefiere considerar a los personajes como monstruos, obsesivos, erráticos, nada funcionales para el guionista, si no, que tiene su propio plan traicionando lo que el escritor quiere contar (lo que e actor pretende hacer).


En una conversación, Eliseo Altunaga (asesor de guion y considerado una de las figuras más importantes de la escritura del guion, en la región), dijo que hasta los monstruos tienen sicología, contradiciendo la enunciación de Martel.


En mi experiencia he llegado a una conclusión, no definitiva. Siento que el personaje vive en un acto decisivo. Cuando el aquí y el ahora cobija la regularidad del texto dramático, se escribe al personaje con el cuerpo, no como algo establecido, ni con una metodología eficiente o eficaz, tampoco con elucubraciones preestablecidas. El personaje, es en sí mismo, es deliberado, salvaje, no entiende de sicología. Vive intensamente.




Puede ser un actante pasivo, aburrido. Pero en esa condición también intensifica su presencia viviendo la pasividad hasta las hondonadas más acérrimas que pueda integrar su disposición en la escena. Puede experimentar el aburrimiento hasta la médula sin que pase nada gratis en su anhedonia.


El personaje puede ser cualquier cosa. Y lo único que lo coloca en un espacio manifiesto, es el hacer. Qué hace y qué preguntas sostienen esa acción. Por qué lo hace, para qué lo hace.


El personaje, quizás, solo exista en la acción. Sin pensar que ésta es un desgaste físico, pirotécnico. Estar, ya es significativo y la pregunta que exige esa fenomenología le da una motivación.


Entonces, el personaje vive cuando hace, cuando el hacer tiene un antecedente que cuestiona su estancia. Y desde esa consciencia de pernoctar en la circunstancia dada, bajo palabras que debe pronunciar, se devela una cadena de acciones que lo construye.


Luego, se lo analizará, pero la creación no puede sujetarse a esta carátula posterior. Nace desde la urgencia de integrarse a un universo (Entorno inmediato y mediato) inalcanzable y que el actor, para que ese universo tenga un significado y los objetos se resignifiquen, lucha (objetivo) por hacer, motivado por sus desgarradoras carencias.


Tomando los argumentos de Martel y Altunaga, la humanidad está llena de monstruos que se esquematizan para tener un signo de humanidad, tan lejana en muchos campos, pero quizás cercana en el arte, porque logran, con sus máscaras, reconstruir al lenguaje y dar un sentido al mundo bajo sus propias aspiraciones, críticas y miradas. Un riesgo inútil, pero elevado.


Joce Deux

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