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Dinámica de las clases.

 

Los alumnos-aprendices del estudio habitan sus clases de improvisación durante tres años y cada año almacena tres trimestres con una escena por trimestre. Es decir, que son nueve escenas las que normalmente puede ensayar y performar para incorporar la técnica. Este acuerdo se revisa en cada ocasión en la que el alumno expone su trabajo, fruto del ensayo cotidiano que durante su proceso tiene que ejecutar y así participa activamente en la prolongación o suspensión del aprendizaje, al mismo tiempo que lo alimenta con sus deseos y hallazgos.

Video de una clase:
Hay que Deshacer la Casa de Sebastián Juvent interpretada por Miriam Chicaiza y Vanesa Trujillo.

Las clases son pases performativos de las escenas que están ensayando, y en cada pase tienen el derecho de autoevaluarse, pero también la obligación de escuchar y ponderar para su ensayo, las evaluaciones que los otros alumnos y el maestro hacen de él. El método de incorporación de herramienta técnica es, entonces, el ensayo/error. El alumno ensaya no solo la escena sino la metodología para representarla, descubre la necesidad corporal que demanda el material, mientras comparte estos hallazgos con los que esté haciendo al tiempo su compañero de escena. Fruto de esta disputa epistémica, la sistematización de una “metodología” para representar, da cabida al conocimiento y reconocimiento de los principios técnicos que le permiten trabajar con una dificultad para representar el personaje y el conflicto. Esta adquisición de principios técnicos es jerárquicamente superior a la “metodología” empleada por el alumno en el sentido que un trabajo metodológico es propiedad de la construcción del conocimiento científico y no de las artes. En las artes, estas “perchas teóricas y metodológicas” son empleadas por la subjetividad del investigador para hacer mientras aprende. Mientras aprende, indudablemente se está construyendo al mismo tiempo en el objeto de estudio: el personaje, el conflicto, la obra.

 

Una vez que el alumno-aprendiz ha atravesado por estos niveles de dificultad superando esta incorporación de lenguaje como una internalización de la técnica en su proceder, se puede decir que ha terminado el ciclo en el estudio de actores, donde puede regresar cuando una inquietud concreta en relación a un autor, una escuela dramatúrgica o una articulación con alguna herramienta específica le haga llamar a las puertas para hacer un reciclaje o entrenamiento.