• leonsierra

A vueltas con el Trabajo Previo

Del diario del maestro. Tercer pase del primer trimestre del año lectivo 2022-2023.

El zoo de cristal, de Tennessee Williams. Actúan, Diego Córdova y Manuela Alves

Fotos: Juan Sebastián Ruales



Mi trabajo autónomo se articula a partir de mi cuerpo resignificado para devolverme la dificultad que le planteo: debo ser el personaje.

De ahí que mi trabajo autónomo no es fruto de la inspiración del hada del teatro, sino que refleja la dificultad que la escena me propone y a la que yo me enfrento.


En el estudio de actores estamos atacando a la dificultad de trabajar con lo que nos propone el autor -unos más rápido que otros-, mientras todos nos hacemos cargo de aquello que no sabemos, esto es, cómo trabaja el actor, qué cosas hace para poder decir lo que tiene que decir. Cómo aprendemos, en conjunto, a cómo hacer. Cómo aprendemos cuál es la técnica del actor, nuestra técnica para hacer las cosas.


La gimnasia emocional es eso: el trabajo del cuerpo y la emoción que ocurre, tal y como el cuerpo permite que ocurra.


Dejarse estar en la gimnasia emocional, sin temer al problema del vínculo, sin temer perderlo, perdiéndolo para poder valorarlo, para poder sostenerlo luego. La tarea es sostener el vínculo, lograr que el vínculo nos cuente. Arrancamos haciendo la búsqueda del vínculo, pero en un momento del trabajo, cuando pulsamos la construcción de un vínculo que no conocemos, dejamos que nos cuente, que nos narre, que nos atrape en los insondables lazos de su narrativa, donde -juntos y cada uno- jugamos a la escena. Aparece el rito en la pregunta interpuesta que es ¿qué hay entre nosotros?



Hay elementos de la erótica que exploran estos actores, que es la primera vez que veo en un Tennessee Williams, en una clase. Elementos que develan el terror de los homosexuales por las mujeres (quizá, de ese tipo de homosexuales norteamericanos de mediados de s. XX). Algo de Tennessee aparece en el trabajo de los actores.


Es un vínculo deshecho, de lo que ocurre antes de lo que ocurre, un vínculo preexpresivo si se quiere. Suficientemente abierto y rico para alimentar a la escena, y completamente nuevo como para no recurrir de estereotipos sobre aquello que la escena debe de ser. Quizá, entonces, aparece la necesidad de preguntarnos por la puesta en escena, dónde está el horizonte de puesta en escena. ¿Lo señala el director? ¿Es necesario un director?



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