Una experiencia en el centro histórico de Quito, sus calles empinadas, empedradas; el delicado merengue de las iglesias, que por más de cuatrocientos años permanece blanco y suculento, como si las claras de huevo hubiesen sido batidas hoy mismo; la gente, cálida, con prisas; los guardias del Palacio, como muñequitos de azúcar azules, en fin...

 

A la vuelta de la esquina, de la Manabí y Benalcázar, un delicioso café como preámbulo de una obra de teatro familiar, puede ofrecerte un desayuno fabuloso y glotón, o un tentempié al final de la función, porque "ya hace hambre".

 

Por la tarde, un café reposado para el final del día de trabajo; pastel de zanahoria, el mejor de Quito; sánduches, quimbolitos, humitas, tamales... ¡Tantas cosas!

 

 

Ven a Leitmotiv Café, ven al teatro.